“Jesús, que yo haga siempre lo que tú quieras”: Iconografía de la candelería del trono de la Santísima Virgen Mediadora

Como es tradicional la candelería de la Santísima Virgen Mediadora aparece decorada con un programa iconográfico, diseñado y dibujado por Salvador De los Reyes. Este Miércoles Santo 2019 nuestra Hermandad de la Mediadora quiere realizar un pequeño homenaje a los niños y jóvenes cofrades de nuestra ciudad y en particular a los de nuestra corporación nazarena que, a pesar de su juventud, trabajan por su hermandad durante todo el año y comprenden que esto es un camino de fe que les acerca al Señor Redentor del Mundo y a su Madre, nuestra Mediadora. Así pues, les consagramos a los sagrados corazones de Jesús y María, que aparecen en los faroles del frontal del trono de nuestra Virgen. Junto a ellos está la primera tanda de candelería que muestran una simbología que hace referencia a la vida, la eucaristía, al Espíritu Santo, a la pureza, a la heroicidad, a la santidad, la verdad y a las sagradas escrituras.

En las “marías”, las velas más altas que alumbran el rostro de nuestra Mediadora, aparecen reflejados los rostros orantes, valientes y decididos de 6 niños y jóvenes que supieron decir “sí” a Dios. Son claros ejemplos de que a pesar de sus pocos años, ya supieron comprender, alumbrados por el Espíritu Santo y confiando siempre en la Virgen María, que Dios estaba en ellos y que debían vivir inmersos en la fe. Desde nuestra Venerable Hermandad oramos para que estos niños y niñas, dejen una pequeña estela de su testimonio de amor al Señor entre todos nosotros.


Los jóvenes santos son: Santa Inés, San Pelayo, Venerable Alexia González-Barros, Beato Juan Duarte, Santa Bernardette Soubirous y San José Sánchez del Río.



Santa Inés

Patrona de la pureza y de los adolescentes, es una de las santas cristianas más populares. Vivió a finales del siglo III d. C. Fue mártir de la persecución de Diocleciano. Su nombre proviene del latín “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero, por lo que uno de los atributos de Santa Inés es este animal. 

La vida de Santa Inés fue muy breve, pues murió con tan sólo 12 años, aunque a día de hoy la recordamos por su fortaleza y su fe en Dios. Cuenta la leyenda que Inés era una muchacha hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos de la época. No aceptó a ninguno, alegando que ya estaba comprometida con Cristo y, al poco tiempo, la acusaron de ser cristiana. Fue juzgada y sentenciada a vivir en un prostíbulo, aunque permaneció Virgen. Finalmente fue condenada a muerte.

San Pelayo

Fue educado por su tío Hermoigio, obispo de Tuy. En 920 acompañaba al obispo y la corte del rey de León en apoyo del reino de Pamplona, que estaba siendo atacado por el califa Abderramán III. Tras la derrota en la batalla de Valdejunquera, tío y sobrino fueron apresados. Después de tres años de cautiverio el obispo fue liberado, pero Pelayo quedó como rehén. Se dice que Abderramán le requirió contactos sexuales (le prometía riquezas y honores si renunciaba a la fe cristiana y accedía a sus proposiciones), a los que se negó, lo que provocó su tortura y muerte. Por sus reiteradas negativas sufrió martirio, que -descrito lúgubremente en el santoral- fue por desmembramiento mediante tenazas de hierro. Después fue despedazado y sus restos echados al Guadalquivir el 26 de junio del año 925.

Sus restos fueron recogidos piadosamente por los cristianos de Córdoba. Entre 984 y 999 su cuerpo se trasladó a Oviedo, siendo finalmente depositado en el monasterio de las monjas benedictinas de San Pelayo de aquella ciudad. 

Su hagiografía refleja que, durante los cuatro años que pasó en Córdoba en calidad de rehén, el muchacho destacó por su inteligencia y su fe, haciendo proselitismo de Cristo e insistiendo en que esta actividad fue la que provocó que fuera tentado por Abderramán III para convertirse al islamismo, lo que él rechazó con vehemencia:

"Sí, oh rey, soy cristiano. Lo he sido y lo seré por la gracia de Dios. Todas tus riquezas no valen nada. No pienses que por cosas tan pasajeras voy a renegar de Cristo, que es mi Señor y tuyo, aunque no lo quieras".

Santa Bernardette Soubirous

Nació en Lourdes (Francia) en 1844 en el seno de una familia enormemente pobre. Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable. La niña tuvo siempre mala salud a causa de la falta de alimentación y del estado lamentable de la habitación donde vivía. 

Por sus múltiples enfermedades, en ella se hicieron patentes aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).

En Bernardette se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo". Bernardette a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. 

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Stma. Virgen se le aparece 18 veces. La vida de esta joven después de las apariciones estuvo llena de penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.

Pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers.  Muere a los 35 años. Fue canonizada en 1933 por el papa Pío XI.

San José Sánchez del Río

Nació el 28 de marzo de 1913, en Sahuayo, Michoacán. Asistió a la escuela y vivió en el centro de Sahuayo, siendo de las mejores familias. Fue martirizado durante la llamada Guerra Cristera en 1928, dando vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe hasta finalmente morir.   

José Sánchez del Río fue beatificado junto con otros 11 mártires mexicanos de la defensa religiosa el 20 de noviembre de 2005, durante el papado de Benedicto XVI, en el Estadio Jalisco de Guadalajara. Fue declarado Santo por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

Beato Juan Duarte

El Beato Juan Duarte Martín nació en Yunquera (Málaga) el 17 de marzo de 1912 y fue bautizado el día 25. Sus padres se llamaban Juan y Dolores.

En 1924 entró en el seminario diocesano de Málaga. Pasaba las vacaciones con sus padres, ayudando en las labores del campo y en la catequesis. Fue ordenado de diácono el 6 de marzo de 1936.

La persecución religiosa de julio de 1936 le sorprendió de vacaciones en casa de sus padres. Estuvo escondido, en una especie de semisótano del piso de entrada, hasta que una vecina lo delató. Unos milicianos lo secuestraron y lo llevaron a la cárcel de Álora, donde fue torturado con corrientes eléctricas, clavándole agujas en el cuerpo. Le quisieron hacer blasfemar y renegar de la fe, pero no cedió ante los tormentos. Cuando le proponían que dijera ¡Viva el Comunismo! él gritaba ¡Viva Cristo Rey!. Fue martirizado en el Arroyo Bujía (Álora – Málaga) el 15 de noviembre de 1936. Tenía 24 años de edad. Le rociaron con gasolina, y le prendieron fuego. Durante varios días continuaron disparando al cadáver, que permaneció insepulto hasta que fue enterrado en el mismo arroyo. El día 3 de mayo de 1937 sus restos fueron trasladados al cementerio de Yunquera. Tenía las piernas partidas y estaba destrozado.

Venerable Alexia González-Barros

La sierva de Dios Alexia nació en Madrid en 1971. Era la hija menor de siete hermanos, dos de los cuales habían fallecido antes de que ella naciera, y sus padres, Francisco y Moncha, pertenecían al Opus Dei. Era una chica normal, con los mismos gustos y aficiones que sus compañeras de clase, vivaracha y divertida, a la que cuidaban con todo cariño sus cuatro hermanos mayores

Pero un día, el 4 de febrero de 1985, su vida dio un cambio inesperado. Se le declaró un tumor maligno que la dejó paralítica en muy poco tiempo. Sufrió cuatro largas operaciones y una ininterrumpida cadena de dolorosos tratamientos que convirtieron los diez meses de su enfermedad, en un durísimo calvario, que se supo afrontar con paz y con alegría. Ofreció el intenso sufrimiento y las numerosas limitaciones físicas que padecía por la Iglesia, por el Papa y por los demás. Esto era fruto de su fe, de su esperanza y de su amor a Cristo. Luchó hasta el final porque amaba la Voluntad de Dios con toda su alma y le había dado su corazón libremente y por entero al Señor.

Muy unida a la Cruz de Jesús, le decía con frecuencia en su oración: “Jesús, yo quiero ponerme buena, quiero curarme; pero si Tú no quieres, yo quiero lo que Tú quieras”.

Falleció en Pamplona, rodeaba por el cariño de su familia, en medio de una gran paz espiritual, el 5 de diciembre de 1985. 

Para finalizar, invoquemos al Señor, nuestro Redentor, con la oración del papa Francisco por los jóvenes:

Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre. Acompañados por guías sapientes y generosos, ayúdalos a responder a la llamada que Tú diriges a cada uno de ellos, para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos. Como el Discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz para acoger a tu Madre, recibiéndola de Ti como un don. Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos anunciando con alegría.


Amén. 
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