VII Cruz de Mayo de la Solidaridad: 11 de mayo

El sábado 11 de Mayo tendrá lugar en nuestra parroquia de la Encarnación (Ave María):

"LA CRUZ DE MAYO DE LA SOLIDARIDAD"

donde por séptimo año celebraremos la veneración a la Santa Cruz y realizaremos una gran recogida de alimentos a beneficio de Caritas de nuestra parroquia y de las Hermanitas de los Pobres.

La recogida de alimentos tendrá lugar desde las 11:00 hasta las 14:00 horas y desde las 18:00 hasta las 20:00 horas. El punto de recogida de alimentos será en el atrio de nuestra parroquia del Ave María (Av. Sor Teresa Prat 47).

Por eso, se ruega a todos los hermanos, devotos y fieles en general, que aporten aquellos alimentos no perecederos que les sea posible cuando se acerquen a venerar la Santa Cruz. Por muy poco que pueda ser, el Señor, nuestro Redentor, lo agradecerá.

Si quieres colaborar como voluntario contacta con nosotros a través del correo de la Hermandad correo@hermandadmediadora.es o Facebook (www.facebook.com/HermandadDeLaMediadora).

Misa de acción de gracias

El próximo viernes 3 de mayo a las 19:30 horas en nuestra parroquia de la Encarnación (Ave María), celebraremos Misa de acción de gracias por la pasada Estación de Penitencia a la Catedral, oficiada por nuestro director espiritual Rvdo. Padre D. Santiago Correa Rodríguez.

Acudamos todos los hermanos para agradecer al Señor, por mediación de Nuestra Señora, los bienes espirituales concedidos en la procesión del pasado Miércoles Santo.

Devolución de túnicas

Se informa a todos los hermanos nazarenos, monaguillos y hombres de trono, que la devolución de las túnicas se deberá hacer los siguientes días:

📅 Sábado 27 de abril de 10:30 a 14 h.
📅 Viernes 3 de mayo de 19 a 21 h.
📅 Sábado 4 de mayo de 10:30 a 14 h.

en nuestras dependencias del Ave María (Av. sor Teresa Prat 45, 1º D).



"Y a ti, una espada te traspasará el alma"

Estimados hermanos, fieles y devotos, os transcribimos la homilía que nuestro párroco y director espiritual el Rvdo. Padre D. Santiago Correa Rodríguez, pronunció desde el altar mayor de nuestra Catedral, en la pasada Estación de Penitencia. Una bella catequesis, cercana y a la vez cargada de un profundo contenido teológico, en torno al evangelio de san Lucas de la Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de Nuestra Señora:

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. 

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Palabra del Señor.
Queridos cofrades de la Hermandad del Nazareno Redentor del Mundo y Nuestra Señora Mediadora de la Salvación:

Cuarenta días después del nacimiento de Jesús, María y José junto con el Niño, se dirigen desde Belén a Jerusalén. Dos horas de camino con alegría e ilusión.

Jesús es el primogénito de María. La ley de Moisés exigía consagrar al servicio de Dios, al primer hijo. También la ley de Moisés prescribía la purificación de la madre a los cuarenta días del nacimiento de su hijo. Ni Jesús tenía que ser rescatado, ni María necesitaba ser purificada. Sin embargo, los padres de Jesús hicieron la ofrenda de los pobres.

Y fue en el templo donde tuvo lugar el encuentro con el anciano Simeón que, movido por el Espíritu Santo, toma en brazos al Niño y profetiza sobre su futuro: será el Salvador del Mundo, será la luz y la gloria de todos, pero también será el blanco de contradicción para muchos.

María y José estaban admirados por lo que se decía del Niño. Y es cuando Simeón los bendice y profetiza sobre la madre: una espada de dolor le atravesará el alma. En esta escena va a quedar establecido el futuro de Jesús como Redentor y de María como asociada a la suerte de su Hijo.

Pasan los años y aquel Niño, ya hombre, cumple con su misión de redimir al mundo. Y lo hace con su palabra, con sus milagros, con su bondad y con su entrega. Muere en la cruz para salvar a un mundo necesitado de redención. Él, como Redentor del Mundo nos muestra su cruz para que nosotros sepamos llevar la nuestra. Y Ella, la Virgen María, unida al dolor de su Hijo en la cruz, pasará de una maternidad física a una maternidad espiritual. Se convertirá en la madre de todos los creyentes en Cristo. Ella será el puente entre Dios y los hombres. Será la Mediadora de la humanidad ante Dios.

Ante la meditación de este relato evangélico, nuestra respuesta debe ser agradecer a Jesús por su infinita bondad rezándole un “Padre Nuestro”, y un “Ave María” a su madre por la celestial belleza de su corazón, como Mediadora de la Salvación.

Amén.

“Jesús, que yo haga siempre lo que tú quieras”: Iconografía de la candelería del trono de la Santísima Virgen Mediadora

Como es tradicional la candelería de la Santísima Virgen Mediadora aparece decorada con un programa iconográfico, diseñado y dibujado por Salvador De los Reyes. Este Miércoles Santo 2019 nuestra Hermandad de la Mediadora quiere realizar un pequeño homenaje a los niños y jóvenes cofrades de nuestra ciudad y en particular a los de nuestra corporación nazarena que, a pesar de su juventud, trabajan por su hermandad durante todo el año y comprenden que esto es un camino de fe que les acerca al Señor Redentor del Mundo y a su Madre, nuestra Mediadora. Así pues, les consagramos a los sagrados corazones de Jesús y María, que aparecen en los faroles del frontal del trono de nuestra Virgen. Junto a ellos está la primera tanda de candelería que muestran una simbología que hace referencia a la vida, la eucaristía, al Espíritu Santo, a la pureza, a la heroicidad, a la santidad, la verdad y a las sagradas escrituras.

En las “marías”, las velas más altas que alumbran el rostro de nuestra Mediadora, aparecen reflejados los rostros orantes, valientes y decididos de 6 niños y jóvenes que supieron decir “sí” a Dios. Son claros ejemplos de que a pesar de sus pocos años, ya supieron comprender, alumbrados por el Espíritu Santo y confiando siempre en la Virgen María, que Dios estaba en ellos y que debían vivir inmersos en la fe. Desde nuestra Venerable Hermandad oramos para que estos niños y niñas, dejen una pequeña estela de su testimonio de amor al Señor entre todos nosotros.


Los jóvenes santos son: Santa Inés, San Pelayo, Venerable Alexia González-Barros, Beato Juan Duarte, Santa Bernardette Soubirous y San José Sánchez del Río.



Santa Inés

Patrona de la pureza y de los adolescentes, es una de las santas cristianas más populares. Vivió a finales del siglo III d. C. Fue mártir de la persecución de Diocleciano. Su nombre proviene del latín “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero, por lo que uno de los atributos de Santa Inés es este animal. 

La vida de Santa Inés fue muy breve, pues murió con tan sólo 12 años, aunque a día de hoy la recordamos por su fortaleza y su fe en Dios. Cuenta la leyenda que Inés era una muchacha hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos de la época. No aceptó a ninguno, alegando que ya estaba comprometida con Cristo y, al poco tiempo, la acusaron de ser cristiana. Fue juzgada y sentenciada a vivir en un prostíbulo, aunque permaneció Virgen. Finalmente fue condenada a muerte.

San Pelayo

Fue educado por su tío Hermoigio, obispo de Tuy. En 920 acompañaba al obispo y la corte del rey de León en apoyo del reino de Pamplona, que estaba siendo atacado por el califa Abderramán III. Tras la derrota en la batalla de Valdejunquera, tío y sobrino fueron apresados. Después de tres años de cautiverio el obispo fue liberado, pero Pelayo quedó como rehén. Se dice que Abderramán le requirió contactos sexuales (le prometía riquezas y honores si renunciaba a la fe cristiana y accedía a sus proposiciones), a los que se negó, lo que provocó su tortura y muerte. Por sus reiteradas negativas sufrió martirio, que -descrito lúgubremente en el santoral- fue por desmembramiento mediante tenazas de hierro. Después fue despedazado y sus restos echados al Guadalquivir el 26 de junio del año 925.

Sus restos fueron recogidos piadosamente por los cristianos de Córdoba. Entre 984 y 999 su cuerpo se trasladó a Oviedo, siendo finalmente depositado en el monasterio de las monjas benedictinas de San Pelayo de aquella ciudad. 

Su hagiografía refleja que, durante los cuatro años que pasó en Córdoba en calidad de rehén, el muchacho destacó por su inteligencia y su fe, haciendo proselitismo de Cristo e insistiendo en que esta actividad fue la que provocó que fuera tentado por Abderramán III para convertirse al islamismo, lo que él rechazó con vehemencia:

"Sí, oh rey, soy cristiano. Lo he sido y lo seré por la gracia de Dios. Todas tus riquezas no valen nada. No pienses que por cosas tan pasajeras voy a renegar de Cristo, que es mi Señor y tuyo, aunque no lo quieras".

Santa Bernardette Soubirous

Nació en Lourdes (Francia) en 1844 en el seno de una familia enormemente pobre. Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable. La niña tuvo siempre mala salud a causa de la falta de alimentación y del estado lamentable de la habitación donde vivía. 

Por sus múltiples enfermedades, en ella se hicieron patentes aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).

En Bernardette se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo". Bernardette a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. 

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Stma. Virgen se le aparece 18 veces. La vida de esta joven después de las apariciones estuvo llena de penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.

Pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers.  Muere a los 35 años. Fue canonizada en 1933 por el papa Pío XI.

San José Sánchez del Río

Nació el 28 de marzo de 1913, en Sahuayo, Michoacán. Asistió a la escuela y vivió en el centro de Sahuayo, siendo de las mejores familias. Fue martirizado durante la llamada Guerra Cristera en 1928, dando vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe hasta finalmente morir.   

José Sánchez del Río fue beatificado junto con otros 11 mártires mexicanos de la defensa religiosa el 20 de noviembre de 2005, durante el papado de Benedicto XVI, en el Estadio Jalisco de Guadalajara. Fue declarado Santo por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

Beato Juan Duarte

El Beato Juan Duarte Martín nació en Yunquera (Málaga) el 17 de marzo de 1912 y fue bautizado el día 25. Sus padres se llamaban Juan y Dolores.

En 1924 entró en el seminario diocesano de Málaga. Pasaba las vacaciones con sus padres, ayudando en las labores del campo y en la catequesis. Fue ordenado de diácono el 6 de marzo de 1936.

La persecución religiosa de julio de 1936 le sorprendió de vacaciones en casa de sus padres. Estuvo escondido, en una especie de semisótano del piso de entrada, hasta que una vecina lo delató. Unos milicianos lo secuestraron y lo llevaron a la cárcel de Álora, donde fue torturado con corrientes eléctricas, clavándole agujas en el cuerpo. Le quisieron hacer blasfemar y renegar de la fe, pero no cedió ante los tormentos. Cuando le proponían que dijera ¡Viva el Comunismo! él gritaba ¡Viva Cristo Rey!. Fue martirizado en el Arroyo Bujía (Álora – Málaga) el 15 de noviembre de 1936. Tenía 24 años de edad. Le rociaron con gasolina, y le prendieron fuego. Durante varios días continuaron disparando al cadáver, que permaneció insepulto hasta que fue enterrado en el mismo arroyo. El día 3 de mayo de 1937 sus restos fueron trasladados al cementerio de Yunquera. Tenía las piernas partidas y estaba destrozado.

Venerable Alexia González-Barros

La sierva de Dios Alexia nació en Madrid en 1971. Era la hija menor de siete hermanos, dos de los cuales habían fallecido antes de que ella naciera, y sus padres, Francisco y Moncha, pertenecían al Opus Dei. Era una chica normal, con los mismos gustos y aficiones que sus compañeras de clase, vivaracha y divertida, a la que cuidaban con todo cariño sus cuatro hermanos mayores

Pero un día, el 4 de febrero de 1985, su vida dio un cambio inesperado. Se le declaró un tumor maligno que la dejó paralítica en muy poco tiempo. Sufrió cuatro largas operaciones y una ininterrumpida cadena de dolorosos tratamientos que convirtieron los diez meses de su enfermedad, en un durísimo calvario, que se supo afrontar con paz y con alegría. Ofreció el intenso sufrimiento y las numerosas limitaciones físicas que padecía por la Iglesia, por el Papa y por los demás. Esto era fruto de su fe, de su esperanza y de su amor a Cristo. Luchó hasta el final porque amaba la Voluntad de Dios con toda su alma y le había dado su corazón libremente y por entero al Señor.

Muy unida a la Cruz de Jesús, le decía con frecuencia en su oración: “Jesús, yo quiero ponerme buena, quiero curarme; pero si Tú no quieres, yo quiero lo que Tú quieras”.

Falleció en Pamplona, rodeaba por el cariño de su familia, en medio de una gran paz espiritual, el 5 de diciembre de 1985. 

Para finalizar, invoquemos al Señor, nuestro Redentor, con la oración del papa Francisco por los jóvenes:

Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre. Acompañados por guías sapientes y generosos, ayúdalos a responder a la llamada que Tú diriges a cada uno de ellos, para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos. Como el Discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz para acoger a tu Madre, recibiéndola de Ti como un don. Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos anunciando con alegría.


Amén. 
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